Un paseo por el Real Sitio de La Isabela en Sacedón
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Horarios y fechasSólo son visibles cuando el caudal del pantano es bajo
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Descripción

Ubicada en la comarca de La Alcarria, en Guadalajara, las aguas termales del pueblo de Sacedón enamoraron a la monarquía caprichosa en el siglo XIX que llegá a fundar aquí un pueblo donde vivió lo más selecto de la burguesía española. El rey Fernando VII fue el que oyó hablar de unos manantiales que calmaban la enfermedad de la gota y unas aguas que ya fueron conocidas por romanos y árabes, ya que muy cerca permanece el yacimiento romano de Ercávica. Las ruinas de La Isabela sólo son visibles cuando el caudal del pantano es bajo.

Historia

La historia del Real Sitio de La Isabela se remonta al período en que España era Hispania y la geografía ibérica formaba parte del Imperio Romano. Todo apunta a que en el margen del río Guadiela, afluente del Tajo, levantaron unas termas con las que aprovechar los beneficios medicinales de estas aguas. Los árabes también hicieron uso de estas pozas, a las que nombraron como “Salam-bir”.  A comienzos del siglo XVI, la leyenda cuenta una visita del Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, que sirvió a los intereses de los Reyes Católicos, quien en 1512 curó su reuma artrítico en la entonces conocida como Fuente María. Gracias a este militar, se dieron a conocer los que con el tiempo llegaron a ser conocidos como Baños de Sacedón, por el municipio en el que se encontraban, el cual se independizó de Huete en 1553.

En 1666, la reina regente Mariana de Austria, madre de Carlos II, el último monarca de los Habsburgo, probó las aguas de este rincón de Guadalajara. Tal fue el efecto positivo que tuvieron en ella, que ordenó construir una hospedería y palacio para alojar a la Familia Real, siendo finalizadas las obras en 1676. El paso del tiempo y las guerras provocaron que el palacio y la hospedería estuvieran arruinados en el siglo XVIII. Sin embargo, fue reedificado por el infante Antonio de Borbón, en 1791. El 9 de septiembre de 1802, el Consejo de Castilla aprobó las ordenanzas para el gobierno de los baños y aguas termales del Real Sitio de Sacedón, a fin de mejorarlo.

Fernando VII nombró a su tío, el infante Antonio de Borbón, “Protector de los Baños de Sacedón” quien fue el precursor de este Real Sitio. El rey y su segunda esposa, María Isabel de Braganza, lo visitaron en 1816 y un año después falleció el infante. Fue entonces cuando, por interés e insistencia de la reina, Fernando VII llevó a cabo una serie de reformas que convirtieron este paraje en un verdadero Real Sitio. Se planificó también la construcción de una pequeña ciudad planificada alrededor del palacio, balneario y jardines, como en su momento se hizo en tiempos de los primeros Borbones en otros Reales Sitios

Las obras finalizaron en 1826, y el 25 de enero de ese mismo año el rey Fernando VII confirmó la condición de Real Sitio a este nuevo paraje bajo el nombre de La Isabela, en honor a su precursora, la reina María Isabel de Braganza. El monarca y sus dos sucesivas esposas lo visitaron en varias ocasiones. De hecho, la reina María Cristina, a la muerte del monarca, siguió frecuentando el palacio y balneario junto a su hija, Isabel II. No obstante, el desinterés por el Real Sitio de la Isabela y la preferencia por las escapadas al mar provocaron que fuera enajenado del Patrimonio Real en 1865, saliendo a subasta público cuatro años después. En el momento en el que dejó de ser un bien privativo de la Corona, el antiguo Real Sitio de La Isabela se convirtió en un foco de turistas, burgueses adinerados de finales del siglo XIX que se vieron interesados por sus aguas, siguiendo así la tendencia de los primeros pasos del turismo que estaban dándose en el resto de Europa. En 1878, se contabilizaron casi un millar de bañistas que acudieron interesados por las propiedades curativas de estas aguas. Se trata de uno de los primeros establecimientos balneario de esta magnitud en España.

El último propietario de La Isabela fue el Marqués Benigno de la Vega-Inclán, primer Comisario de Turismo de la historia de España y cuya labor fue fundamental para que España comenzara a situarse en el mapa turístico de comienzos del siglo XX. Adquirió los baños en 1930, con la intención de recuperar el que consideraba “uno de los dominios hidrológicos medicinales más interesantes y quizás de mayor porvenir en España”. Sin embargo, el gobierno de la Segunda República ya puso sus miras en ellos en 1931, pero con un fin bien distinto: utilizar el espacio para construir un pantano, El pantano de BuendiaLos planes del gobierno republicano y los del Marqués de la Vega-Inclán se vieron truncados por el estallido de la Guerra Civil. Durante este período, el antiguo Real Sitio de La Isabela fue utilizado como cuartel y hospital para enfermos mentales. Cada vez estaba quedaba más lejos el sueño del marqués, a pesar de que el propio doctor Gregorio Marañón alabase las posibilidades de explotar para el turismo de salud este balneario.

En 1940, falleció el Marqués de la Vega-Inclán y sus propiedades pasaron a ser propiedad del Estado, que finalmente aprobó la creación del embalse. En 1957, La Isabela quedó sumergida bajo las aguas del Embalse de Buendía, poniendo un punto y final a su historia. La escultura de La Mariblanca, situada en la Plaza de Abajo de Sacedón, es uno de los vestigios que se salvaron y recuerdan a este Real Sitio.

Real Sitio

El Real Sitio de La Isabela consistía en un poblado de calles en cuadrícula y un enorme palacio rectangular. Había unas 50 viviendas y muchas habitaciones para los visitantes y los residentes que iban a beneficiarse de las aguas termales del balneario. La gente acudía para buscar alivio de enfermedades varias como la gota, la epilepsia, las convulsiones, el reuma, las erupciones de la piel, etc. También había un puente de piedra reconstruido sobre el río Guadiela.  Como en tantos balnearios, sus aguas podían tomarse bebidas o en baño. La gente prefería emplearlas como bebida, a pesar del mal sabor que, incluso a baja temperatura, suelen tener las aguas termales sulfurosas. Con los años se añadieron la Casa de Oficios, la Casa de Servidumbre, la iglesia y unas cuantas fuentes que adornaban las calles y paseos. En las inmediaciones se trabajaba un gran huerto. La vegetación del valle era muy abundante, a semejanza de la que hay en los valles que surcan La Alcarria.

La distribución de los edificio en La Isabela se realizó en 11 calles rectas, tiradas a cordel y dos plazas: Plaza Mayor y Plaza de la Constitución, llamada también del Mercado. En total, 27 manzanas de edificios cuadrados, casi todos de cien pies castellanos, y de un piso, a excepción del Real PalacioLas casas ocupadas por colonos fueron concebidas para funciones agropecuarias y como residencia. Constaban de portal, sala con alcoba, otra sala o alcoba en el lado opuesto, una cocina grande y un cuarte frente a ella, patio o corral con cobertizo, cuadra, pajar, cámaras para los granos y bodegas o cuevas.

También llamadas “pozos de nieve”, las neveras de piedra, son unas curiosas edificaciones que fueron destinadas a producir hielo para usar durante el verano en la conservación de alimentos, a partir de la nieve caída y guardada en algunos escasos días del invierno. De estos edificios, han quedado muy pocos ejemplares en toda la Alcarria. Pero en Sacedón tenemos la suerte de contar con algunos magníficamente conservados. El más llamativo, mejor conservado, y accesible, es el que se encuentra a la izquierda de la antigua N-320, pasado el Camping. 

Otra excursión que os recomendamos hacer con niños en la misma comarca es una visita al Parque Arqueológico de Recópolis o el cercano embalse de Entrepeñas.

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